diumenge, 21 de maig del 2017

Aquella bonita rosa.

El vagón estaba lleno de gente. Personas que salían de trabajar y en sus caras se veía reflejado el cansancio acumulado de toda la semana (era viernes). Niños que acababan de salir del colegio y estaban formando un gran alboroto. Una chica con un vestido azul celeste que no paraba de mirarse en el cristal de la ventana mientras se retocaba el pelo y se pintaba los labios, quizás tenía una cita. Un anciano con su bastón y una mirada triste. ¿Qué edad tendría? ¿Habría tenido una vida dura? Un chico con los cascos puestos y la música a todo volumen. Le encantaba observar a la personas que tenía a su alrededor e imaginar cómo eran sus vidas. Siempre le había gustado hacerlo, daba igual en qué lugar se encontrara. Paseando por la calle, sentada en la sala de un cine repleta de gente, en la cola del supermercado esperando para pagar... o aquella tarde en ese tren.

Ella llevaba ya más de dos horas ahí sentada, el motivo de su viaje era de placer, pasar un fin de semana agradable en buena compañía. Estaba cansada y con ganas de llegar. Hacía quince días que no se habían visto y se moría de ganas de verlo. No hacía más de tres meses que se habían conocido pero conocerle había sido una soplo de aire fresco. En tan poco tiempo le había llenado de energía, de ilusión, de vitalidad, de ganas de soñar, de ganas de vivir. Era como si hiciera años que se conocían. Existía una enorme complicidad entre ellos.

El tren tenía prevista la llegada al centro de la ciudad pasadas las siete de la tarde y habían quedado en encontrarse alrededor de las ocho delante de la cafetería que solían frecuentar las tardes de invierno en las que se sentaban a tomar un chocolate caliente y podían charlar y charlar durante horas, el tiempo se detenía cuando estaban juntos.

Estaba nerviosa, ya empezaba a sentir ese cosquilleo en el estómago, como si fuera la primera cita. El tren se detuvo. Penúltima parada antes de llegar a su destino. Cruce de personas que entraban y salían del tren. Pip pip pip... y las puertas del vagón se cerraron. Ya quedaba menos. Estaba impaciente. Empezó a prepararse, en menos de cinco minutos se bajaría por fin de ese tren. Y de repente, mientras se ponía la chaqueta, alguien le tocó suavemente su hombre derecho. Se giró sobresaltada y... ahí estaba él! Con una rosa en la mano! La miraba con esos ojitos que por si solos decían "Qué ganas tenía de verte". No supo decirle nada, la había dejado sin palabras. Se le echó encima y se fundieron en un fuerte abrazo. Un abrazo lleno de sentimiento. Cuantas cosas se pueden decir sin necesidad de articular una sola palabra.

Seguían abrazados y una lágrima se deslizaba por su mejilla, una lágrima de felicidad, cuando alguien le dio un golpecito en la espalda. Se giró y ambos oyeron la voz grave del interventor que les decía "Disculpen parejita pero deben bajar del tren, esta es la última estación". Se les escapó una sonrisilla, bajaron del tren, se "fundieron" en un apasionado beso y después se fueron paseando cogidos de la mano hacia su cafetería.

Años después ella todavía conserva esa rosa, ya seca, en el salón de su casa. La mira de vez en cuando, recuerda y sonríe. Sus caminos se separaron ya hace mucho tiempo pero el bonito sentimiento permanece y permanecerá siempre en ella cada vez que mire aquella bonita rosa.

dijous, 30 de març del 2017

Hoy he soñado contigo...


Hoy he soñado contigo. Como otras tantas noches hoy he soñado contigo.
Estábamos en casa, no hacíamos nada especial. Yo miraba la tele mientras tu estabas con tus cosas. Absorta en un programa absurdo de repente oía tu voz desde el salón que me decía si me apetecía salir. Daba un bote en el sofá y corría a vestirme. Claro que me apetecía salir, siempre me apetecía salir si era contigo.
Bajábamos las escaleras despacio y al llegar a la calle me cogías de la mano. Me encantaba pasear contigo de la mano. Me sentía especial, feliz, protegida. Hablábamos de cualquier cosa, comentábamos cosas que veíamos durante nuestro paseo, saludábamos a los vecinos del barrio con los que nos cruzábamos al andar. Con algunos nos parábamos a charlar un rato. Recuerdo como les hablabas maravillas de mí, y yo aunque algo tímida me sentía importante y querida.
Habíamos caminado ya un buen rato cuando de vuelta a casa nos encontramos con unos amigos del barrio y me propusiste que nos quedáramos un rato con ellos. Sí, me apetecía. Estuvimos no más de media ahora ahí, tú charlando con tu grupo habitual, el de toda la vida, y yo con el grupo al que no hacía tanto tiempo que conocía.
Oí mi nombre a lo lejos, tu voz era inconfundible, me llamabas porque era hora de irnos. En aquel instante tenía sentimientos contradictororios... Tenía muchas ganas de quedarme un rato más allí con mis amigos pero al mismo tiempo me apetecía mucho irme contigo porque siempre estaba agusto cuando estaba contigo, no importaba lo que hiciéramos.
Finalmente me cogiste de la mano, nos despedimos de todos y nos fuimos. De camino a casa volví a tener esa sensación tan agradable que tenía siempre que estaba junto a tí. Me sentía tan a gusto, era tan feliz... Y no pensaba que aquello fuera a acabar nunca... Podía sentir tu olor... ese olor tuyo y sólo tuyo. Podía sentir el tacto de tu piel con mi piel cuando me cogías de la mano. Me gustaba acariciar esas manos delicadas y tan cuidadas. Era tan real. Era como si estuviéramos ahí de verdad. Pero como todo tiene un final... He despertado. Había sido un sueño. Sí, hoy he soñado contigo. He soñado contigo iaia. Hace tanto que te fuiste... Y hoy has estado aquí conmigo. T'estimo iaia.