Sonó la alarma del despertador. Era pronto, muy pronto. Se había acostado tarde la noche anterior y apenas había dormido unas 5 horas. Era lunes, "maldito lunes" pensó. Estiró los brazos y permaneció unos minutos más entre las sábanas intentando desperezarse. Finalmente y con esfuerzo se levantó. Una ducha rápida, con el agua bien caliente como tanto le gustaba. Abrió el armario y se quedó unos segundos pensando qué camisa ponerse. Le apetecía mucho más quedarse en casa en pijama pero después de un fin de semana intenso y muy bien aprovechado tocaba volver a la rutina de todos los días. Cogió la primera camisa que tenía en frente, una de color azul que le había regalado su madre en su último cumpleaños, se enfundó su traje y se anudó la corbata al cuello. No le gustaba nada ese "uniforme", prefería vestir con un "look" más "casual", con unos vaqueros y una camiseta se sentía mucho más cómodo, más él mismo. Debajo de ese traje sentía que iba disfrazado, pero su puesto de trabajo así lo requería.
Se preparó un café bien largo para intentar despejarse un poco, cogió la cartera, el móvil y las llaves y salió a la calle. Caminó por las mismas calles de siempre y se cruzó con las mismas caras que veía cada mañana. Ya casi era como si se conocieran. Con algunos hasta se saludaban y si alguna mañana notaba la ausencia de alguno de ellos se preguntaba si estarían bien, si tendrían vacaciones...
Entró en el parking, subió al coche y emprendió el camino al trabajo con su emisora de radio favorita a todo volumen. La música le ayudaba a hacer el trayecto un poco más llevadero. Estaba cansado de esa rutina con la que tenía que vivir cada día. Hacía, en muchas ocasiones, los km's que le llevaban a la oficina por inercia. A veces llegaba, aparcaba el coche y no era consciente del trayecto que había recorrido. No le gustaba esa sensación.
Brillaba el sol y la temperatura era muy agradable. Pensó en la cantidad de cosas que podría hacer en un día tan fantástico como ese si no tuviera que ir a trabajar. Pero estaba claro que no tenía elección. El deber en la oficina le esperaba. Era consciente de lo afortunado que era al poder tener ese trabajo. No era nada del otro mundo pero tenía un sueldo a final de mes, que teniendo en cuenta los tiempos que corrían y la cantidad de gente que se encontraba en el paro, no estaba nada mal. Eso le permitía tener su pisito de alquiler, donde se había mudado hacía ya un par de años cuando había decidido que era el momento de independizarse, hacer planes con sus amigos, viajar y darse algún capricho de vez en cuando. Esas eran las únicas razones por las que sabía que no podía dejar ese trabajo aunque para nada le motivaba lo que hacía. Quizás había sentido motivación al principio cuando le contrataron. Por fin había encontrado un trabajo, tenía nuevos proyectos por delante, ilusión... Pero ahora, después de casi 5 años en aquella oficina donde cada día todo era igual, siempre haciendo lo mismo, ya no sentía motivación alguna. Realizaba su trabajo de forma mecánica, porque era lo que tocaba. Y lo hacía bien, era responsable en ese sentido, pero lo hacía sin ninguna ilusión, siempre contando las horas que quedaban para finalizar la jornada, contando los días que faltaban para que llegara el fin de semana otra vez, o tachando los días en el calendario esperando con impaciencia a que llegaran las vacaciones. Envidiaba a algunos de sus compañeros cuando veía que iban motivados al trabajo y que sentían pasión por las funciones que desempeñaban. No era su caso, estaba claro.
En más de una ocasión se había planteado que necesitaba un cambio, hacer algo diferente, algo que realmente le gustara y por lo que no le diera pereza despertarse cada mañana. Todavía no había encontrado en qué debía consistir ese cambio, pero seguía pensando en ello. Hacía ya semanas que su cabeza no paraba de darle vueltas al asunto. Tenía claro que algo tenía que cambiar porque con el tiempo se había dado cuenta de que lo más importante era sentirse bien consigo mismo, hacer algo que le gustara, salir de esa rutina. Sentía que el cambio estaba cada vez más cerca.Tenía que encontrar algo que hiciera que cada día dejara de ser un día cualquiera.
