Salió de trabajar, puntual. Desde hacía ya unos meses se había dicho a ella misma que se habían acabado esas jornadas interminables de trabajo, estaba cansada de tantas horas de más. No, ya no. Lo había hecho durante demasiado tiempo y ahora ya no podía más. Las cosas importantes de su vida no estaban allí, no entre las cuatro paredes de esa oficina. Las cosas importantes estaban ahí fuera y las quería vivir y aprovechar al máximo.
Salió del edificio a paso acelerado, cogió el tren, se sentó junto a la ventana y abrió el libro por la página donde lo había dejado esa misma mañana. Le gustaban esos viajes en tren en que podía perderse en las páginas de un buen libro, desconectar del mundo y meterse en la piel de personajes que vivían un sin fin de historias. Le gustaba imaginarse que vivía una vida diferente a la que tenía. Era capaz de aislarse por completo del mundo real y sumergirse en lo más profundo de la narración de un libro.
Bajó del tren, salió a la calle y se puso a andar. En poco menos de media hora había quedado con una de sus mejores amigas. Se conocían desde hacía unos 6 años más o menos. No era una de esas amigas de las de toda la vida, de las de la infancia, no. La vida había hecho que un buen día sus caminos se cruzaran y desde entonces y con el tiempo se habían convertido en grandes amigas, compartiendo muchísimos momentos juntas. Dicen que no es mejor amigo el que antes llega o el que más tiempo se queda... Sino el que de verdad te demuestra su amistad con el paso de los días, el que está ahí en los buenos y en los malos momentos, el que ríe contigo y el que te ofrece su hombro para llorar cuando lo necesitas. Ella era una de esas amistades.
Entró en una pequeña cafetería. No había estado antes allí a pesar de que había pasado montones de veces por delante de ese sitio. Siempre se lo miraba con ganas de entrar, desde fuera parecía un lugar muy acogedor. Era una de estas cafeterías que hoy en día están tan de moda. Un mostrador lleno de "cupcakes" y pasteles de todo tipo, todo de elaboración casera e ingredientes ecológicos. Al entrar el lugar no le decepcionó para nada, más bien al contrario, le encantó. Un lugar pequeño, paredes blancas, flores y velas de colores que decoraban las mesas y carteles de esos con frases motivadoras y llenas de energía como "Never give up" (nunca abandones), "If you can dream it you can make it true" ( si puedes soñarlo puedes hacerlo realidad)... Le encantaban aquellos pequeños detalles decorativos que creaban un ambiente de calma y tranquilidad y se sentía muy a gusto allí.
Se sentó en una mesa en una esquina y echó una ojeada a la gran carta de tes que tenían mientras esperaba la llegada de su amiga, que no tardó mucho en llegar.
Se saludaron y empezaron a hablar de cómo les había ido el día. Las dos habían tenido un día horrible. La camarera se acercó para tomarles nota pero habían empezado a hablar con tantas ganas que habían olvidado escoger lo que iban a tomar. La chica les dijo que no se preocuparan que volvía en unos minutos. Ojearon la carta de tes, cafés, refrescos... Y se levantaron para ir a ver de cerca la gran variedad de dulces del mostrador. Finalmente se decidieron. Ella optó por un té con aroma y sabor a vainilla y una "muffin" de arándanos. Su amiga un te de frutos del bosque un trozo de pastel de zanahoria.
La camarera no tardó en servirles lo que habían pedido y empezaron a degustar ese pequeño capricho que se estaban concediendo esa tarde. Siguieron hablando, contándose sus alegrías y sus penas, bueno ese era uno de esos días en que tenían más penas que alegrías para contarse...e intentaban consolarse la una a la otra. Por motivos diferentes, pero a la vez muy parecidos, las dos estaban atravesando unos momentos un tanto difíciles en sus vidas, andaban un poco perdidas y siempre estaba bien poder compartir esos problemas, las dudas, los sentimientos... y tener la opinión de una buena amiga. Al final es uno mismo el que toma sus propias decisiones pero siempre es bueno poder compartir lo que a uno le pasa y tener el consejo de alguien cercano.
La conversación se vio interrumpida por el sonido del móvil. Un whats de otra se sus mejores amigas. Acababa de salir de trabajar, no tenía ganas de ir para casa y le preguntaba si le apetecía hacer algo esa tarde. Le dijo donde estaban y si le apetecía unirse a ellas. No lo dudó ni un momento, era de las que se apuntaban a cualquier plan improvisado. Con ella hacía muchos más años que se conocían, unos 15 más o menos y aunque eran dos personas muy diferentes en muchos aspectos, se entendían y se complementaban a la perfección. Se habían convertido en grandes amigas, en esas amigas con las que no puedes estar más de una semana sin verte, con las que lo compartes todo. Ambas, tanto la una como la otra se habían convertido en sus dos grandes pilares. Dicen que los amigos de verdad se pueden contar con los dedos de una mano. Ese era su caso. Era una chica que podía conocer a mucha gente pero que muy pocos eran los que considera parte de su pequeño círculo. Ese círculo al que tanto quería y al que, a pesar de equivocarse algunas veces, intentaba cuidar de la mejor manera posible.
No habían pasado ni 20 minutos cuando llegó y se unió a ellas dos. Ella optó por comerse una "muffin" de chocolate, le encantaba el chocolate, era una de sus grandes debilidades. Las tres pasaron la tarde sin dejar de hablar, dándose consejos las unas a las otras. No habían tenido un buen día, pero una charla entre amigas siempre reconforta. Habían llegado bajas de ánimo, con mil preocupaciones en la cabeza, pero al final habían disfrutado de una merienda en buena compañía que hizo que las tres salieran de allí con una sonrisa en sus labios.

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