dilluns, 20 de juny del 2016

Paseando por su ciudad.

Una calle estrecha en el barrio antiguo de la ciudad. Allí se encontraba ella aquella tarde de invierno. Le encantaba pasear por su ciudad. No le importaba el tiempo que hacía, si brillaba el sol o si estaba nublado, si hacía calor o si hacía frío, si llovía... le daba igual. Disfrutaba andando, perdiéndose y dejándose llevar  por calles y callejuelas y sin un destino concreto. Solía hacerlo a menudo, sola o en compañía. No le importaba, lo disfrutaba de todas las maneras, aunque de vez en cuando sí que agradecía esos momentos de soledad, tener ese tiempo para ella misma. Existía también tiempo para la familia, los amigos, la pareja... pero de vez en cuando necesitaba ese tiempo para ella, para estar sola consigo misma. Había quien le decía que eso sonaba muy aburrido pero a ella tanto le daba lo que pensaran los demás, ella saboreaba esos momentos para ella, momentos que le aportaban un montón de sensaciones positivas y para nada le resultaba aburrido.

Esa tarde, sin nada que hacer y sin planes hasta la noche, había decidido que le apetecía pasar una de esas tardes de soledad, tenía ganas de uno de esos largos paseos por la ciudad. Tenía todavía unas cuatro horas por delante hasta la hora de cenar en que había quedado con sus amigas para su encuentro semanal. Una tradición que llevaban años siguiendo y que no tenían intención de dejar. 

Salió a la calle, cogió el metro y se dirigió al centro de la ciudad. Veinte minutos después dejó el ambiente extremadamente caluroso de los andenes y al salir de nuevo a la calle un viento frío le acarició la cara. Lo agradeció enormemente, no soportaba el sofocante calor del subterráneo.

Empezó a andar por esas callejuelas que tanto le gustaban, por las que tantísimas veces había caminado pero en las que siempre acababa encontrando algo nuevo que la sorprendía. Se quedaba embobada delante de los escaparates de las tiendas de antigüedades o de objetos hechos a mano. Quedaban ya muy pocos sitios tan auténticos pero por suerte aún no habían desaparecido todos. 

Allí, en esa calle estrecha del barrio antiguo pasó un buen rato observando el escaparate de una tienda de juguetes. Juguetes de los de antes, de los de toda la vida, Muñecas, soldaditos de plomo, pequeños coches de metal, cacharritos para las cocinitas de madera, muñecos de plástico con los personajes de Barrio Sésamo... Todos esos objetos que tenía en frente la transportaban de nuevo a su infancia. Recordaba la cantidad de horas que había pasado jugando con juguetes como esos y se le dibujó una sonrisa en sus labios. Habían pasado los años, superaba ya la treintena pero recordaba su infancia con alegría y también cierta nostalgia. "Cuanta prisa tenemos en hacernos mayores cuando somos unos niños y que rápido pasa el tiempo después y como nos gustaría a veces volver a la niñez" pensó.

Volvió al presente y se puso a andar de nuevo. Unos minutos después pasó por delante de un joven chico que sentado en un pequeño taburete de madera cantaba mientras tocaba con delicadeza su guitarra. Lo miró de reojo pero no le prestó demasiada atención hasta que después de haber avanzado unos metros de repente escuchó como su voz ronca, grave y bonita empezaba a cantar una canción que le hizo dar un vuelco a su corazón. No era una canción cualquiera, era la canción, su canción, aquella que tantos recuerdos le traía.Volvió hacia donde estaba el chico y permaneció delante de él escuchándolo con atención, tatareando con él la canción mientras el joven la miraba y le sonreía con timidez. Al terminar se dio cuenta de que un buen número de personas se habían agrupado a su alrededor. Todos aplaudieron con fuerza. Le dejó unas monedas en la funda de su guitarra y no pudo dejar de decirle que tenía una voz preciosa, que cantaba con mucho sentimiento y que aquella canción le había transmitido una gran cantidad de sensaciones que no sabía ni con qué palabras explicar. Le dio las gracias por aquel momento vivido y se fue.

Caminó un poco más hasta llegar a una de sus plazas favoritas de la ciudad. No había mucha gente, era un lugar tranquilo y ahora en invierno aquel lugar no estaba todavía aglomerado por la cantidad de turistas que solía haber durante los meses de verano. Se sentó en un banco y permaneció un buen rato allí tranquila, relajada, observando como caía el agua de la fuente que tenía delante, viendo a la gente pasar. Hacía frío y hacía ya un buen rato que había ido oscureciendo, pero no le importaba. Le gustaba el frío. Además iba bien abrigada con su abrigo negro, los guantes que le había hecho su abuela unos años atrás, un gorro que había comprado en su último viaje y su bufanda favorita, aquella que él le había regalado hacía unos meses. Como había cambiado todo desde entonces.

Acarició la bufanda con cariño y con nostalgia, se levantó y siguió caminando esta vez al encuentro de sus amigas, feliz por esa tarde en soledad que tanto había disfrutado paseando por su ciudad.

diumenge, 19 de juny del 2016

Un día de esos...

Hace unos días un amigo me envió un link con un artículo que me pareció muy interesante, que me ha hecho reflexionar bastante y me ha llevado a escribir estas líneas hoy.

Antes de empezar a hablar de lo que me trae hoy aquí hagamos un pequeño paréntesis para decir que este amigo es una persona a la que aprecio muchísimo y a la que tengo mucho cariño, aunque creo que nunca se lo he dicho. Es uno de esos amigos a los que no ves a menudo, nos vemos muy de vez en cuando, de hecho suelen pasar meses cada vez que nos encontramos. Pero cuando nos vemos es como si no hubiera pasado el tiempo. Es una gran persona. Hace unos añitos en un momento de esos en los que por circunstancias de la vida te encuentras completamente perdido, me dijo unas palabras que me ayudaron a encontrar el rumbo. Sus palabras fueron lo que exactamente necesitaba en aquel momento y me dieron el empujón que tanta falta me hacía. Un empujón que hace unos días me volvió a dar. Gracias amigo!! 

Después de estas pequeñas palabras de agradecimiento volvamos al artículo que me ha hecho reflexionar y plantearme muchas preguntas. ¿Valoramos realmente lo que tenemos? ¿ Le damos la importancia que se merece al hecho de estar vivos hoy? ¿Disfrutamos de todo lo que nos rodea? ¿Hacemos lo que realmente queremos? ¿Cuántos miedos o dudas nos detienen? ¿Somos lo suficientemente valientes para afrontar nuevos retos?

¿Cuántas veces decimos "un día de esos ya iré...", "un día de esos ya lo haré...", "un día de esos ya se lo diré..."?. ¿Por qué no hacemos que "un día de esos" sea hoy?. En el artículo el escritor hablaba sobre una experiencia personal vivida hacía un tiempo que le había llevado también a plantearse muchas de esas cuestiones. Tenemos siempre montones de cosas pendientes que vamos dejando para "mañana", Un mañana al que nunca le ponemos una fecha, que va quedando ahí en la lista de pendientes. Está bien tener esa lista de cosas pendientes que queremos hacer, decir, descubrir... pero si se quedan sólo en una lista en nuestra mente, entonces no tienen ningún sentido.¿ Y si no hay un mañana?. Y no es solamente el hecho de que no pueda haber un mañana, es más simple que todo eso, se trata de hacer lo que queremos en cada momento, sin miedos, sin excusas, sin dejar pasar el tiempo. La vida pasa a toda velocidad delante de nuestros ojos y a veces no somos del todo conscientes de lo rápido que se escapa el tiempo, ¿Por qué dejar pasar la oportunidad de ir a ese lugar que tanta ilusión nos hace, con el que tanto hemos soñado? ¿Por qué no darnos ese capricho que tanto nos apetece? ¿Por que no le decimos a esa persona lo que sentimos? ¿Por qué nos da tanto miedo expresar nuestros sentimientos? ¿Por qué no dejar a un lado los miedos y dudas que nos detienen y nos impiden lanzarnos a perseguir aquello que queremos? Sí, no es fácil, lo sé. ( me incluyo en los primeros puestos de aquellos que dejan cosas para mañana...). ¿De dónde surgen todos esos miedos? En mi opinión y bajo mi experiencia personal en muchas ocasiones esos miedos e inseguridades nos los provocamos nosotros mismos. ¿Cómo? ¿Por qué? No lo sé. Lo único que sé es que tenemos que cambiar la actitud ante todo eso que nos da miedo, Hay que intentar con todas nuestras fuerzas dejar esos miedos a un lado, tenemos que vivir, vivir hoy y no esperar a vivir mañana. Hagamos lo que queremos, digamos lo que sentimos y pensamos, sin miedo a la respuesta que vayamos a obtener de nuestras acciones porque quedarnos con todo eso dentro no nos ayuda para nada. Seamos valientes.

¿Qué es lo peor que puede pasar si expresamos lo que sentimos o si nos lanzamos a perseguir un sueño? ¿Que seamos rechazados? ¿Que nuestros proyectos no salgan cómo habíamos planeado? ¿Qué nuestro negocio no funcione cómo habíamos imaginado? Entonces, si eso ocurre, volvamos a soñar con nuevos objetivos, nuevas metas, nuevos proyectos, nuevos sueños... pero no nos hundamos. Sintámonos bien y orgullosos por haberlo intentado. Por no haber dejado aquello que queríamos en una simple lista de cosas pendientes.

Toda esta reflexión son sólo palabras, pero hay que pasar a la acción. A lo mejor nos ha llegado el momento de cambiar el chip, dejar los miedos y las inseguridades atrás y lanzarse a decir lo pensamos de verdad, lo que sentimos, a hacer lo que queremos. Ha llegado el momento de hacer que hoy sea "un día de esos..."

divendres, 17 de juny del 2016

Les nits vora el mar.

Asseguda a la seva terrassa amb el mar al seu davant. Així es trobava ella aquell vespre d'un diumenge d'estiu. Tranquila, relaxada, pacient, observant, deixant volar els seus pensaments. Pensaments que viatjaven al passat. Tota una vida li passava pel davant. Tancava els ulls i recordava quan era una nena petita i en aquella mateixa terrassa contemplava el mar. L'observava amb la mirada inocent d'un nen. La inmensitat del que tenia al davant dels seus ulls sempre l'havia maravellat. Com li agradava aquella platja... 

No li calia esforçar-se massa per recordar com eren aquelles tardes d'estiu en que els avis la portaven a la platja a jugar amb la sorra, els cubells i joguines de formes i colors ben diferents. Estrelles de mar, crancs, castells de sorra... que feien v0lar la seva imaginació. Recordava la de vegades que s'havia banyat en aquelles aigües tan fredes. Records. Allò eren només records. I sentiments. Perquè cada imatge que li venia al cap li feia sentir alguna cosa especial. Un pessigolleig la recorria per dins. Estava contenta. Contenta per poder tenir encara aquells records amb ella. Contenta de no haver perdut la memòria, com els hi havia passat a algunes de les seves amigues de la infància, que ara ni tant sols la reconeixien. Sentia una forta tristesa per elles. Records d'una vida que els hi havien estat robats així com si res.

Ara l'àvia era ella. Ara era ella la que cada estiu portava als seus nets a aquella platja. I poder-ho fer l'omplia d'alegria. Tenia ja 80 anys però era una dona activa i se sentia plena d'energia i de vitalitat. El seu marit havia mort feia un parell d'anys. El trobava a faltar, sí, però quan pensava en ell un somriure es dibuixava a la seva boca. Tota una vida junts. S'havien conegut quan ella tenia 16 anys i ja no s'havien separat mai més, fins el dia que ell havia marxat per sempre. Tot i que a ella no li agradava sentir aquell "per sempre". Volia creure, de fet creia, que el dia que ella també marxés es tornarien a retrobar. Sabia que era gran, els anys passaven, però no volia marxar encara. Era conscient que la mort es trobava cada dia més aprop però no hi pensava gaire en allò. Disfrutava de la vida i de tot el que l'envoltava. Els seus fills i els seus nets eren el que ara la feia més feliç. 

Mentre ella era allà a la terressa deixant passar el temps, tots dormien dins l'apartament. Estaven de vacances i com cada estiu estaven passant uns dies junts. Una brisa fresqueta acariciava la seva cara, li agradava l'olor del mar i el so de les ones que trencaba el silenci d'un poble adormit. Era una nit de lluna plena, que reflexava la seva llum damunt de l'aigua del mar. I mentre era allà pensava en totes les estones que havien compartit en aquell lloc amb els seus avis, pares, amb tota la família. I ara, molts anys després, seguia gaudint d'aquell lloc tan especial però d'una manera diferent de quan era una nena petita. Potser ara li donava més valor als moments que hi passaven junts en aquella terrassa. El que era clar és que sempre li havien agradat les nits vora el mar.


diumenge, 22 de maig del 2016

Una merienda que les sacó una sonrisa.

Salió de trabajar, puntual. Desde hacía ya unos meses se había dicho a ella misma que se habían acabado esas jornadas interminables de trabajo, estaba cansada de tantas horas de más. No, ya no. Lo había hecho durante demasiado tiempo y ahora ya no podía más. Las cosas importantes de su vida no estaban allí, no entre las cuatro paredes de esa oficina. Las cosas importantes estaban ahí fuera y las quería vivir y aprovechar al máximo.

Salió del edificio a paso acelerado, cogió el tren, se sentó junto a la ventana y abrió el libro por la página donde lo había dejado esa misma mañana. Le gustaban esos viajes en tren en que podía perderse en las páginas de un buen libro, desconectar del mundo y meterse en la piel de personajes que vivían un sin fin de historias. Le gustaba imaginarse que vivía una vida diferente a la que tenía. Era capaz de aislarse por completo del mundo real y sumergirse en lo más profundo de la narración de un libro.

Bajó del tren, salió a la calle y se puso a andar. En poco menos de media hora había quedado con una de sus mejores amigas. Se conocían desde hacía unos 6 años más o menos. No era una de esas amigas de las de toda la vida, de las de la infancia, no. La vida había hecho que un buen día sus caminos se cruzaran y desde entonces y con el tiempo se habían convertido en grandes amigas, compartiendo muchísimos momentos juntas. Dicen que no es mejor amigo el que antes llega o el que más tiempo se queda... Sino el que de verdad te demuestra su amistad con el paso de los días, el que está ahí en los buenos y en los malos momentos, el que ríe contigo y el que te ofrece su hombro para llorar cuando lo necesitas. Ella era una de esas amistades.

Entró en una pequeña cafetería. No había estado antes allí a pesar de que había pasado montones de veces por delante de ese sitio. Siempre se lo miraba con ganas de entrar, desde fuera parecía un lugar muy acogedor. Era una de estas cafeterías que hoy en día están tan de moda. Un mostrador lleno de "cupcakes" y pasteles de todo tipo, todo de elaboración casera e ingredientes ecológicos. Al entrar el lugar no le decepcionó para nada, más bien al contrario, le encantó. Un lugar pequeño, paredes blancas, flores y velas de colores que decoraban las mesas y carteles de esos con frases motivadoras y llenas de energía como "Never give up" (nunca abandones), "If you can dream it you can make it true" ( si puedes soñarlo puedes hacerlo realidad)... Le encantaban aquellos pequeños detalles decorativos que creaban un ambiente de calma y tranquilidad y se sentía muy a gusto allí.

Se sentó en una mesa en una esquina y echó una ojeada a la gran carta de tes que tenían mientras esperaba la llegada de su amiga, que no tardó mucho en llegar.
Se saludaron y empezaron a hablar de cómo les había ido el día.  Las dos habían tenido un día horrible. La camarera se acercó para tomarles nota pero habían empezado a hablar con tantas ganas que habían olvidado escoger lo que iban a tomar. La chica les dijo que no se preocuparan que volvía en unos minutos. Ojearon la carta de tes, cafés, refrescos... Y se levantaron para ir a ver de cerca la gran variedad de dulces del mostrador. Finalmente se decidieron. Ella optó por un té con aroma y sabor a vainilla y una "muffin" de arándanos. Su amiga un te de frutos del bosque un trozo de pastel de zanahoria.

La camarera no tardó en servirles lo que habían pedido y empezaron a degustar ese pequeño capricho que se estaban concediendo esa tarde. Siguieron hablando, contándose sus alegrías y sus penas, bueno ese era uno de esos días en que tenían más penas que alegrías para contarse...e intentaban consolarse la una a la otra. Por motivos diferentes, pero a la vez muy parecidos, las dos estaban atravesando unos momentos un tanto difíciles en sus vidas, andaban un poco perdidas y siempre estaba bien poder compartir esos problemas, las dudas, los sentimientos... y tener la opinión de una buena amiga. Al final es uno mismo el que toma sus propias decisiones pero siempre es bueno poder compartir lo que a uno le pasa y tener el consejo de alguien cercano.

La conversación se vio interrumpida por el sonido del móvil. Un whats de otra se sus mejores amigas. Acababa de salir de trabajar, no tenía ganas de ir para casa y le preguntaba si le apetecía hacer algo esa tarde. Le dijo donde estaban y si le apetecía unirse a ellas. No lo dudó ni un momento, era de las que se apuntaban a cualquier plan improvisado. Con ella hacía muchos más años que se conocían, unos 15 más o menos y aunque eran dos personas muy diferentes en muchos aspectos, se entendían y se complementaban a la perfección. Se habían convertido en grandes amigas, en esas amigas con las que no puedes estar más de una semana sin verte, con las que lo compartes todo. Ambas, tanto la una como la otra se habían convertido en sus dos grandes pilares. Dicen que los amigos de verdad se pueden contar con los dedos de una mano. Ese era su caso. Era una chica que podía conocer a mucha gente pero que muy pocos eran los que considera parte de su pequeño círculo. Ese círculo al que tanto quería y al que, a pesar de equivocarse algunas veces, intentaba cuidar de la mejor manera posible.

No habían pasado ni 20 minutos cuando llegó y se unió a ellas dos. Ella optó por comerse una "muffin" de chocolate, le encantaba el chocolate, era una de sus grandes debilidades. Las tres pasaron la tarde sin dejar de hablar, dándose consejos las unas a las otras. No habían tenido un buen día, pero una charla entre amigas siempre reconforta. Habían llegado bajas de ánimo, con mil preocupaciones en la cabeza, pero al final habían disfrutado de una merienda en buena compañía que hizo que las tres salieran de allí con una sonrisa en sus labios. 

diumenge, 17 d’abril del 2016

Una tarde bajo la lluvia...

Era una tarde lluviosa. Se encontraba sola en casa, tumbada en el sofá con el pijama puesto, el pelo recogido en un moño despeinado, la bata que le habían regalado por su cumpleaños bien abrochada a su cintura y una manta que le cubría todo el cuerpo. Estaba calentita pero a la vez sentía frío, un frío que le recorría por dentro, un frío en su interior.

Tenía unos días libres, no tenía que trabajar. Había tenido todo el día por delante para hacer todo lo que le apeteciera, todo aquello que durante la semana y las largas jornadas de trabajo no tenía tiempo de realizar. Sin embargo ahora que tenía tantas horas por delante para ella no le apetecía hacer nada. Sólo quería dormir, pero no podía. No paraba de dar vueltas y más vueltas en el sofá pero no lograba conciliar el sueño. Estaba cansada, agotada física y anímicamente, pero ni aún así lograba quedarse dormida. Su malestar iba creciendo por momentos. Cuanto más se esforzaba por cerrar los ojos y dormir, más nerviosa se sentía.

Finalmente y de un impulso se levantó y se vistió. Un pantalón de chándal, una camiseta vieja, una sudadera y unas bambas desgastadas. Miró por la ventana. Seguía lloviendo pero decidió que no le apetecía coger el paraguas. Se puso la chaqueta, un gorro y una bufanda para guarecerse del frío. Cogió el Ipod y las llaves y salió de casa sin pensárselo.

Una vez en la calle empezó a andar, sin rumbo. Se puso los cascos conectados a su Ipod, le dio al "play" y la música empezó a sonar a todo volumen. Hacía mucho que no actualizaba la música almacenada en su pequeño dispositivo pero ahí estaban las canciones de siempre, las que quería oír. Las que siempre sonaban en "esos momentos", a pesar de ser consciente de que no eran las más adecuadas. Las letras de esas canciones seguro que no eran las más apropiadas para escuchar en "esos momentos".

Una calle hacia la derecha, una calle hacia la izquierda, cruzaba por aquí y por allá, se detenía cuando los semáforos estaban en rojo, pero no pensaba hacia dónde iba. Estaba perdida sin saber dónde la llevarían sus pasos. La verdad es que ni siquiera se lo preguntaba. En su cabeza tenía un único pensamiento. No podía dejar de pensar en el mismo asunto que desde hacía ya semanas la atormentaba y la tenía absorta en una constante tensión, hecha un mar de dudas.

"¿Por qué?". Eso era lo que más se repetía a sí misma. No había respuesta. "¿Qué debo hacer?". No había respuesta. "¿Qué quiero hacer?". Tampoco tenía una respuesta para eso. Tenía mil preguntas en su cabeza pero ni una sola respuesta que le ayudara a tomar una decisión sobre qué rumbo seguir, sobre qué era lo que tenía que hacer.

Tenía frío, estaba mojada y la lluvia no cesaba, cada vez caía con más intensidad. Pero más frío le provocaba la idea de volver a casa. De sentirse sola. Encerrarse y volver a entrar en ese bucle de pensamientos del que no lograba salir no era la idea de su plan perfecto para su día de fiesta.

Se sentía perdida, hacía semanas que lo estaba. Aquello que tenía en su mente y que noche tras noche no la dejaba dormir no era el fin del mundo, lo sabía, pero para ella en ese momento era algo importante, algo a lo que necesitaba ponerle remedio, pero no sabía cómo hacerlo.Y aunque intentaba sacar su parte más positiva no lo conseguía. En "esos momentos" su corazón era más fuerte que su cabeza. Ambos vivían en una contradicción constante. Y por el momento el corazón le ganaba la batalla a su cerebro.

De repente la música dejó de sonar (la batería de su Ipod se había acabado). Fue entonces cuando levantó la mirada, con lágrimas en los ojos y sin saber dónde se encontraba. Había andado sin parar por la ciudad durante horas. Esa ciudad en la que hacía años que vivía y que tanto le gustaba, donde tantas experiencias había vivido. Le costó unos minutos situarse y saber dónde se encontraba.

El corazón le dio un vuelco y se sorprendió al ver lo que tenía delante de sus ojos llorosos. Sus pasos la habían llevado a aquel lugar donde tantas otras veces había estado, aquel lugar que durante un tiempo había sido especial y que ahora formaba ya simplemente parte de sus recuerdos.

Estaba lejos de casa y ahora no se veía con fuerzas de seguir andando, de repente se encontraba agotada y estaba empapada. A pocos metros de allí había una estación de metro. Se dirigió hacía allí y como había salido de casa sin casi apenas coger nada, tuvo que colarse. Odiaba cuando veía hacerlo a los demás, pero en aquel momento ni siquiera se planteó que estaba haciendo algo que no era correcto,

En el vagón se sentía observada. Tenía un aspecto horrible, pero le daba igual lo que la gente pudiera pensar. Por fin llegó a casa. Cansada y sin fuerzas se quitó la ropa y se dio una larga ducha con el agua ardiendo, como le gustaba a ella en los días de invierno. Mientras se ponía el pijama puso agua a hervir. Cogió una de sus tazas favoritas y se sirvió un te bien caliente. Se sentó en el sofá, se tapó con su manta de colores y ahora ya más relajada, exhausta después de esa tarde bajo la lluvia, disfrutó de una rato de calma. De calma pasajera (sabía que los pensamientos de las últimas semanas volverían a su mente en algún momento) hasta que se quedó plácidamente dormida después de aquella tarde bajo la lluvia.

divendres, 15 d’abril del 2016

LLUM

Cada dia surt el Sol. Portser hi ha dies que no el veiem perquè s'amaga darrera els núvols, darrera d'un dia gris, però el Sol sempre hi és, malgrat no sentir-ne la seva presència. 

El Sol es lleva cada matí. Sempre brilla encara que hi hagi moments en que no podem apreciar la seva llum.

Al Sol li passa una mica com a les persones. Cada dia ens llevem i brillem. No sempre sabem transmetre la brillantor que portem dins perquè a vegades també necessitem amagar-nos. Ens fem petits i no deixem que la nostra llum es vegi.

Hi ha dies que ens llevem positius, pletòrics, feliços, amb un somriure d'orella a orella i aleshores algú ens mira i ens diu "Avui tens una brillantor especial". Una bona resposta seria "Jo sempre brillo encara que no es vegi, com fa el Sol", tot i que sabem que com li passa a aquest gran estel, a vegades la nostra llum queda amagada sota un dia gris. Perquè també hi ha dies que ens llevem ennuvolats. 

Tots en algun moment tenim motius que ens fan estar apagats, tristos, desmotivats... i aleshores ens costa brillar. Quan estem bé i brillem, potser no ho valorem prou però quan tenim un dia fosc llavors tot ho veiem de color gris, no sabem apreciar els colors de la vida que ens envolta. Semblem les persones menys afortunades del món, sembla que tot al nostre voltant s'enfonsi... de quaselvol gra de sorra en fem una gran muntanya impossible d'escalar. És en aquests dies quan hem de mirar el nostre entorn i hem de veure les coses bones que tenim. Aquestes coses (persones sobretot) ens ajuden a tirar endavant i ens ajuden a brillar. Però és una ajuda, només una ajuda. No hem d'oblidar mai que brillem amb llum pròpia. Els factors externs ens poden ajudar però som nosaltres i només nosaltres els que brillem.

Mostrem sempre la nostra brillantor malgrat que tinguem un dia gris! Mostrem sempre la nostra LLUM!

diumenge, 3 d’abril del 2016

Aprendre a dir t'estimo...

Estimar... Un sentiment tant i tant especial...tant maco!! I per què sovint ens costa tant saber-lo expressar? Per què ens costa tant a alguns dir "t'estimo"?.

Estimem cada dia... Estimem a la família, als amics, a la parella... Però sovint no ho diem. Per algunes persones dir-ho és fàcil, n'hi ha que ho diuen continuament a tothom, com aquell que diu "bon dia", potser sí que és fàcil dir-ho, però cal sentir-ho, els "t'estimo" no poden ser gratuïts, s'han de sentir. Potser això és només una opinió molt personal però massa vegades he vist gent"regalant" aquesta paraula a persones que pràcticament no coneixen i que als quatre dies han desaparegut de les seves vides. Per això per mi un t'estimo no es pot regalar a qualsevol, ha de ser sentit i merescut. No és només una paraula, és alguna cosa molt més profunda.

Moltes vegades, i en els temps que ens movem, ens amaguem darrera una pantalla d'ordinador, una pantalla de mòbil... qualsevol xarxa social...I aleshores ens resulta molt més fàcil dir aquesta paraula. Ens resulta molt més senzill expressar el que sentim...Sembla que no havent de mirar a la persona als ulls, no tenir-la al davant ens posi les coses més fàcils... I què fa que això sigui així? M'agradaria poder tenir una resposta, però no la tinc.

Personalment formo part d'aquest grup que no sap dir "t'estimo", i quan ho dic és perquè realment ho sento de veritat i ho dic a qui s'ho mereix realment,  però sempre "m'amago" darrera d'un "t'estimo" escrit en un paper o des de l'altra banda del mòbil, de l'ordinador... Mai cara a cara amb la persona. Per què? No ho sé... Qüestió de caràcter...? Un sentiment estrany de "vergonya"? És difícil d'explicar quan ni un mateix ho sap...

Un dia vaig llegir el següent:

"Por qué nos cuesta tanto decir palabras tan maravillosas? Supongo que la magia de la dificultad reside en la liberación y crecimiento espiritual que experimentamos cuando lo hacemos. Si no fuera así, esas palabras no resultarían sinceras, perderían su verdad."

Una bona reflexió per pensar-hi...

Dir-ho es fa difícil però no dir-ho tampoc és fàcil... Et crea un sentiment com de frustació per no saber com transmetre el teu sentiment a la persona. Perquè estimar es demostra malgrat que no ho diguis... Es demostra amb els fets del teu dia a dia, amb els teus actes, els teus gestos, els teus detalls...es pot demostrar de mil maneres que estimes a una persona... Però sempre et queda aquella cosa a dins de no saber-li dir i el dubte de si la persona estarà rebent aquest sentiment d'estimació.

A tots ens agrada sentir un "t'estimo", i moltes vegades i malgrat saber que la persona (familiar, amic, parella...) t'estima, sentir aquesta paraula et provoca un sentiment ben gros dins teu difícil de definir. I quan per fi ho dius, trenques les barreres i dius "t'estimo" aquest sentiment és igual o més gran. Dir-ho, manifestar-ho, t'omple moltíssim. Així que fem un esforç i aquells a qui ens costa... Aprenem a dir t'estimo! Tant bo és per qui ho rep com per qui ho diu.